Población vulnerable viste a la Unión Vial Río Pamplonita

A Carmen Yolanda Torres Barragán le tiemblan las manos al momento de enhebrar. Está nerviosa, es la primera vez que la entrevistan. Hace 20 años le temblaba la voz por culpa de la violencia que la obligó a huir junto a su familia con lo poco que tenía. Le dijo adiós al municipio de Tibú, en pleno corazón del Catatumbo, Norte de Santander.

Llegó a Cúcuta y en su mente solo había dos palabras: luchar y perseverar. Luego de trabajar como vendedora informal, encontró refugio y una oportunidad económica en una máquina de coser. Así fue como su vida cambió: del borde de un abismo por culpa de la violencia, pasó a perfeccionar bordes en prendas de vestir.

Junto a ella están los sueños de otras nueve mujeres y cuatro hombres, quienes también, desde otras zonas del departamento, huyeron del accionar y el terror de los grupos armados. Para ellos, las telas, los hilos y las agujas se convirtieron en la mejor herramienta para olvidar el dolor que les dejó la violencia cuando tocó sus vidas y la de sus familias.

Ahora estas 14 personas tienen algo más en común: se encargaron de confeccionar un primer pedido de uniformes de dotación para la Unión Vial Río Pamplonita. Ellos se prepararon durante un año y ahora son emprendedores.

“Los distinguí hace como 10 años, pero estoy aquí hace tres años. Hice todo el proceso y me enseñaron a confeccionar las prendas. Cúcuta me recibió con los brazos abiertos. No fue fácil, pero he salido adelante”, dice Carmen mientras cose uno de los chalecos que usan los controladores de tráfico del área de Operación y Mantenimiento.

La contribución de estas personas al proyecto Pamplona-Cúcuta se dio gracias a la alianza de cooperación entre el Concesionario y la Corporación Scalabrini, Pro-Integra, de la Agencia de Cooperación Alemana (GIZ).

“Estamos muy contentos porque pudimos aterrizar este pedido de la Unión Vial Río Pamplonita para la elaboración de prendas de trabajo y así convertirse en una posibilidad de generar ingresos”, afirma Frank Fass, coordinador del programa Pro-Integra, de la Agencia de Cooperación Alemana.

Él se siente orgulloso de ver el proceso de producción de las prendas y el esfuerzo que hizo cada una de las personas vinculadas a este reto. Ahora espera que sean más los pedidos.

“Considero que es un primer paso y estamos convencidos de que este taller puede obtener mayores encargos y dar trabajo a muchas personas”, agregó.

 

Una mujer, la encargada de entregar su conocimiento

“Detrás de cada una de estas personas que trabajan en el taller de confecciones, ubicado en el barrio La Ermita, en la ciudadela Juan Atalaya, hay una mujer que entrega todo su conocimiento para que la ilusión de una oportunidad de trabajo se haga realidad.

Se trata de Johanna Joya Silva, instructora de la Corporación Scalabrini. Ella capacitó a esta población para lograr el trabajo que hoy les da resultados.

“Con este proyecto tuvimos 9 mujeres y 4 hombres yo les decía que con este pedido iban a tener un ingreso para llevar a sus casas. Esto ha sido un gran logro para todos, de ellos también aprendí”, contó Johanna.

Ya son 22 años trabajando para la comunidad, su mayor satisfacción es ver crecer a las personas que llegan a la corporación y su mayor reto, escuchar sus historias y convertirse en esa voz que alienta y ayuda a seguir adelante.

La primera producción ya terminó. Ahora, el sueño de Carmen Yolanda Torres Barragán será viajar por el corredor Pamplona-Cúcuta para contarle a su familia que algunas de las prendas que usa el personal de la vía fueron hechas por ella.

“Mi sueño es salir adelante y llegar a tener algo grande, mi propio negocio con el que yo pueda surgir”, dice en medio de una enorme sonrisa que solo refleja satisfacción.

 

Plan de Responsabilidad Ambiental y Social

En implementación del Plan de Responsabilidad Ambiental y Social (PRAS), a finales de 2017 la Unión Vial Río Pamplonita inició un proceso de vinculación de iniciativas productivas con población vulnerable, identificando iniciativas relacionadas con confecciones, a quienes se dio a conocer el interés de vincular sus actividades productivas para el suministro de dotación del personal del proyecto.

Identificados los integrantes de la Corporación Scalabrini, se realizó socialización de la propuesta y se visitó los talleres de confección, la mayoría mujeres, para invitarlos a vincularse a un proceso que implicaba el reto de pasar de ser quienes desde sus casas trabajaban para empresas de confecciones, a ser proveedores directos del cliente final de la cadena productiva.

Aceptada la propuesta y con asesoría de la Universidad Francisco de Paula Santander, se gestionó la elaboración de costos y la presentación de una primera muestra de confección, elaborada con aporte económico de GIZ.

La Unión Vial Río Pamplonita seguirá brindando acompañamiento a este tipo de ideas de emprendimiento que sin duda se convierten en una oportunidad para las familias de esta región, golpeadas por la violencia.